login  ~  Registrarse  ~  Contraseña Perdida
Ayuntamiento del Puerto de Santa María
 
INICIO NOTICIAS FOTOS FOROS ENLACES CORREO
Menú
Más Cosas
Últimas Noticias

spacer
Cuento del día : UNO DE TOMATES
el 25/3/2007 17:50:00 (254 Lecturas)



 

PIFUCIO Y EL TOMATE

 

Pifucio era un niño muy raro, no le gustaban las golosinas, pero le encantaba la sopa. Le ponía dulce de leche a los macarrones, y sal a la leche chocolateada. Le gustaban las verduras y no la carne.  

Un día, Pifucio se hizo amigo de un... tomate. Estaba sentado en el piso jugando con el tomate, haciéndolo rodar y girar, mirándolo y pasándolo de una mano a otra. Le hablaba, le contaba cuentos, le hacía chistes.

La mamá le preguntó que hacía, y él le dijo:

- Juego con mi amigo Tomate, mamá.

- ¿Y cómo puedes ser amigo de un tomate? ¿No ves que no habla y no se mueve? - dijo la mamá.  

- ¿Y que importa? ¿No puedo quererlo igual? - protestó Pifucio.

- Es que los niños no son amigos de las cosas - respondió la mamá. Son amigos de otros niños, de algunas personas grandes, de un perrito o un gatito. Pero de un tomate... es de lo más raro.

- El tomate es mi amigo. Y a los amigos hay que defenderlos - dijo Pifucio.

Pifucio se quedó pensando un rato. Un amigo suyo decía que era amigo del Superman, otro era amigo de un oso de peluche, y otro de una nena de tercer curso. ¿Entonces, qué tenía de raro un tomate?

Esa noche Pifucio se llevó el tomate a la cama, y durmió con él. Ocupaba mucho menos lugar que el oso de peluche.

A la mañana siguiente su mamá insistió en guardarlo en el frigorífico, porque ya tenía bastante olorcito a tomate. Entonces Pifucio lo envolvió en una servilleta para que no tuviera frío.

Pero el tomate estaba bastante blandito, se puso negro en un costado y le salió una pelusita blanca en la panza. Pifucio se preocupó y le pidió a la mamá que llamara al doctor.

- No hay doctor de tomates - le respondió la mamá.

- Entonces llama al veterinario – pidió Pifucio.

- No hay veterinario de tomates – dijo la mamá.

- Entonces al verdulero – insistió Pifucio.
- Los verduleros no hacen visitas a la casa de la gente como los doctores. – explicó la mamá.

La mamá le explicó que su tomate se estaba pudriendo, y que eso es lo que le pasa a todos los tomates y que había que tirarlo a la basura, y que si seguía diciendo que el tomate era su amigo estaba loquito.

Pifucio lloró un poco, y aceptó que su mamá tenía razón.          

Al día siguiente fue a abrir el frigorífico para ver de que otra verdura se podía hacer amigo: había una zanahoria, un ajo y un repollo. Pero la mamá se adelantó, y antes de que Pifucio se hiciera amigo de nada, le cerró el frigorífico, y lo llevó a la plaza.

Allí jugó un rato largo en el arenero, y como seguía con ganas de hacerse amigo, eligió un... cubito de plástico. Y también una... palita. Y un... rastrillo.  Pero también se hizo amigo de la dueña de las tres cosas, que era una nena muy simpá­tica. 

Versión imprimible Enviar a un amigo Crea un documento PDF con el artículo


astonstreet Xoops Themes
Teléfono de contacto: 902 364 749